La muerte infantil siempre es un tema difícil, sobre todo para los padres que tienen que lidiar con la impresión de despertar y ver a su bebe inerte y sin vida.  Cada año, tan solo en los Estados Unidos, mueren 3600 niños menores a un año por muerte súbita. La causa principal por la que mueren estos infantes es porque no son capaces de reposicionarse mientras duermen y no son capaces de pedir ayuda. Aún no es claro el porqué estas muertes ocurren en una tasa mayor en niños que en niñas.

Si bien todas las muertes infantiles no son prevenibles, muchas lo son. Una investigación realizada en 2010 sobre cientos de muertes en Carolina del Norte mostró que hasta dos tercios pueden haber sido atribuibles a prácticas de sueño poco recomendables, como el uso de camas inseguras y compartir la cama con adultos. Se cree que muchos se deben a la asfixia, cuando la vía aérea del bebé se bloquea o cuando una persona más grande se da vuelta y evita que el pecho del bebé se expanda durante la respiración.

El ABC del sueño seguro

Los esfuerzos para prevenir muertes por estas causas han llevado a la Academia Americana de Pediatría a formular una política sobre el sueño seguro de los bebés, cuyos puntos clave se pueden resumir como el ABC del sueño seguro:

A – Solo. Esto no significa que los bebés se deben acostar en una habitación separada de los padres. Sin embargo, significa que los bebés no deben dormir en la misma cama. La razón de esto es que los padres pueden moverse durante el sueño de maneras que interfieran con la respiración de los bebés o incluso los aplasten. Quedarse dormido inadvertidamente mientras amamanta o acurruca a un bebé es tan peligroso como dormir de forma intencionada.

B – Boca arriba. Los bebés siempre deben dormir sobre sus espaldas. No hay nada de malo en colocar bebés sanos boca abajo para jugar, pero en la espalda parece ser la posición más segura para dormir. Una posible explicación es el hecho de que los bebés acostados boca abajo tienen más probabilidades de volver a respirar el aire que exhalan, lo que hace que los niveles de dióxido de carbono en la sangre aumenten a medida que cae el oxígeno. Esta recomendación se aplica durante el primer año, pero es especialmente importante en los primeros seis meses después del nacimiento.

La política de la Academia Estadounidense de Pediatría sobre el sueño seguro contradice explícitamente la opinión obsoleta de que dormir boca arriba aumenta el riesgo de asfixia. Si bien es cierto que muchos bebés experimentan reflujo gastroesofágico, los bebés sanos se protegen contra la aspiración. Los padres también deben evitar levantar la cabeza de la cuna.  Esta práctica no reduce el riesgo de reflujo y puede causar que los bebés se deslicen a una posición peligrosa.

C – Cuna. Las cunas que cumplen con las normas de seguridad actuales son los lugares más seguros para que duerman los bebés.  Las sillas y los sofás deben evitarse. Una superficie firme evita que la cara del bebé quede atrapada en un pliegue o hendidura. Del mismo modo, la cuna debe estar vacía de ropa de cama suelta, almohadas, protectores y juguetes, cualquiera de los cuales podría causar atrapamiento y asfixia. Demasiados recubrimientos también pueden aumentar el riesgo de que el bebé se sobrecaliente, una consideración importante porque la regulación de la temperatura no está completamente desarrollada en los bebés.

Por supuesto, hay otros pasos que los padres pueden tomar para asegurarse de que sus bebés duerman seguros. Una es evitar la exposición al humo del cigarrillo, que parece aumentar el riesgo de muerte súbita del lactante. Como era de esperar, la intoxicación de los padres y el uso de drogas ilícitas también parecen poner a los bebés en mayor riesgo. Otro factor clave es asegurarse de que otras personas que cuidan al bebé, como los miembros de la familia y los trabajadores de la guardería, entiendan la importancia de adherirse al ABC de un sueño seguro.

Es importante evitar estigmatizar a los padres que han perdido a un bebé. Sin embargo, hay pasos simples que todos los padres pueden tomar para mejorar la seguridad de los bebés que duermen, y todo comienza con la educación.

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