Un estudio que investiga las bases neurológicas de la ansiedad en el cerebro ha identificado las células de la ansiedad ubicadas en el hipocampo, las cuales no solo regulan el comportamiento ansioso sino también pueden controlarse mediante un haz de luz.

Los hallazgos hasta ahora demostrados en experimentos con ratones de laboratorio podrían ofrecer un rayo de esperanza a millones de personas en todo el mundo que sufren de trastornos de ansiedad.

El equipo utilizó una técnica llamada imágenes de calcio, insertando un microscopio miniatura en el cerebro de los ratones de laboratorio para registrar la actividad de las células en el hipocampo a medida que los animales avanzaban alrededor de sus jaulas.

Estas no eran jaulas ordinarias. El equipo construyó laberintos especiales donde algunos caminos conducían a espacios abiertos con plataformas elevadas, ambientes expuestos que provocan la ansiedad en los ratones debido a la mayor vulnerabilidad a los depredadores.

Los investigadores observaron células en una parte del hipocampo llamada CA1 ventral (vCA1) y cuanto más ansiosos se comportaban los ratones, mayor era la actividad de las neuronas.

Los investigadores de la Universidad de Columbia identificaron a estas células como “células de ansiedad” porque solo se activaban cuando los animales se encontraban en lugares aterradores. Estas células se encuentran en el hipocampo, una región del cerebro, que, entre otras cosas, regula las hormonas que controlan las emociones.

Debido a que este mismo proceso de regulación se encuentra en los seres humanos, los investigadores sugieren que las neuronas de ansiedad también podrían ser parte de nuestra biología.

Lo más interesante de este descubrimiento es que los investigadores han encontrado una manera de controlar a estas células, al menos en ratones.

Mediante una técnica conocida como optogenética que hace brillar un haz de luz sobre las células en la región vCA1, los investigadores lograron silenciar efectivamente las células de ansiedad y provocar una actividad segura y libre de ansiedad en los ratones.

Este interruptor de control no solo funcionó de una sola manera. Al cambiar la configuración de la luz, los investigadores también pudieron acelerar la actividad de las células de ansiedad, haciendo que los animales temblaran aún estando en entornos cerrados y seguros.

Los próximos pasos de esta investigación, es averiguar si el mismo interruptor de control es lo que regula la ansiedad humana. Si esto se resuelve, los resultados podrían abrir una nueva investigación para buscar nuevas formas de tratar la ansiedad en humanos.

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