La investigación del cáncer de mama ha resultado en un tratamiento que ha mejorado mucho las tasas de supervivencia. La tasa de supervivencia en un lapso de 5 años es alrededor del 90 %. Sin embargo, los sobrevivientes todavía tienen que lidiar con muchos efectos secundarios adversos de la enfermedad y los tratamientos para el cáncer, que incluyen: cirugía, radiación, quimioterapia y medicamentos de supresión hormonal que se usan para suprimir las hormonas que pueden haber alimentado el cáncer de mama.

Los efectos secundarios más preocupantes son la pérdida acelerada de la densidad ósea y la masa muscular. Estos cambios pueden provocar osteoporosis y fracturas, así como una disminución de la fuerza, disminución de la función física,  sobrepeso y obesidad que pueden llevar a una tasa de supervivencia más baja.

Estos efectos secundarios pueden, en última instancia, reducir la calidad de vida en general y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas y discapacidad en los sobrevivientes de cáncer de mama.

Durante los últimos 10 años, el laboratorio de la Universidad de Florida, ha evaluado los efectos del ejercicio, específicamente el ejercicio de resistencia en la masa muscular, la masa grasa, la densidad ósea, la fuerza, la función física y la calidad de vida en los sobrevivientes de cáncer de mama.

Uno de los primeros estudios descubrió que las sobrevivientes de cáncer de mama tenían una menor densidad ósea en la parte superior del cuerpo en comparación con mujeres de la misma edad y peso que no habían tenido cáncer. Muchos de los sobrevivientes de cáncer de mama habían limitado su actividad después de la cirugía de mama, especialmente en la parte superior del cuerpo y nunca se les recomendó aumentar su actividad física de esta parte del cuerpo aún cuando ya se habían recuperado de la cirugía.

En los estudios de intervención de tres y seis meses que utilizaban máquinas de resistencia tanto en la parte superior del cuerpo como en la parte inferior del cuerpo, se encontró una mejora del 25% en la fuerza de la parte superior e inferior del cuerpo. La calidad de vida también mejoró, sin efectos adversos sobre el linfedema, o hinchazón que puede ocurrir por el daño a los ganglios linfáticos. Incluso, las mujeres que participaron en el entrenamiento de resistencia de alta intensidad lo toleraron bien y experimentaron el beneficio adicional de aumentar la masa muscular en la parte superior e inferior del cuerpo después de tres meses de entrenamiento.

En estos dos estudios, las mujeres realizaron tres o seis meses de entrenamiento de resistencia en dos días no consecutivos cada semana. En los estudios, los participantes realizaron dos o tres series de 8 a 12 repeticiones de cada ejercicio. Los ejercicios incluyeron press de pecho, flexión de bíceps, press de tríceps hacia abajo, press de piernas, extensión de piernas, flexiones de piernas, abdominales y hiperextensiones de espalda. La cantidad de peso se incrementó ya que las mujeres pudieron lograr de 10 a 12 repeticiones en todas las series.

Aunque no se encontró aumento en la densidad ósea en el estudio de entrenamiento de seis meses, las mujeres no experimentaron ninguna disminución en estas medidas durante el período de entrenamiento. Se ha demostrado que la densidad ósea disminuye de 1 a 2% cada año después de la menopausia y las pérdidas pueden ser mayores en los primeros años de la menopausia. Por lo tanto, el ser capaz de mantener la densidad ósea en los sobrevivientes de cáncer de mama es un resultado positivo, especialmente en la parte superior del cuerpo que es más susceptible a las pérdidas debido al tratamiento.

En estudios con mujeres premenopáusicas sanas, las mujeres han logrado un aumento en la densidad ósea con el entrenamiento de resistencia. Los beneficios son mejores cuando el entrenamiento de resistencia se combina con actividades de alto impacto como saltos y ejercicios pliométricos. Los ejercicios pliométricos, son ejercicios que requieren de un movimiento continuo e implica el estiramiento rápido y la contracción de los músculos.

En las mujeres posmenopáusicas, y en algunas sobrevivientes de cáncer de mama, la mayoría de los aumentos en la densidad ósea se observan solo cuando el entrenamiento de resistencia se combina con medicamentos que ayudan a la formación de huesos.

En el tercer estudio de intervención se incorporaron ejercicios de alto impacto que proporcionaron una variedad de diferentes patrones de carga ya que se ha encontrado que los patrones de carga inusuales ayudan a mejorar más la densidad ósea que los ejercicios que proporcionan una tensión constante, como el entrenamiento de resistencia.

Este estudio incorporó un circuito de seis meses de ejercicio de entrenamiento de resistencia funcional que combinó diferentes ejercicios de alto impacto para proporcionar a las mujeres patrones de carga inusuales. Los ejercicios incluyeron zancadas, sentadillas, saltos, burpees, flexiones de brazo, filas de mancuernas, escaladores de montañas, peldaños, flexiones de bíceps, extensiones de tríceps, correr en su lugar, elevaciones de rodilla. Las mujeres en este estudio progresaron a versiones de más alto impacto de estos ejercicios durante los seis meses. Las sesiones de ejercicio duraban 45 minutos y se llevaban a cabo solo dos veces por semana.

En esta intervención, se utilizó un formato de ejercicio grupal, ya que muchos sobrevivientes de cáncer de mama informaron que prefieren hacer ejercicio con otra persona o en un entorno grupal que hacer ejercicio solos.

Se comparó este programa de entrenamiento de impacto funcional con un programa de yoga en el que se mantenían posturas durante periodos más prologados que consistían en posturas de entrenamiento y relajación que no cargaban peso. Nuevamente se evaluaron los efectos sobre la composición corporal, la densidad ósea, la fuerza, la función física y la calidad de vida durante el período de seis meses.

Los resultados fueron muy prometedores. Tanto el entrenamiento de impacto funcional como el yoga tuvieron efectos para mejorar la fuerza, la función física y la calidad de vida de la parte inferior del cuerpo. El entrenamiento de impacto funcional tuvo el beneficio adicional de mejorar la fuerza de la parte superior del cuerpo, lo cual es muy importante en los pacientes con cáncer de mama. Desafortunadamente, el programa de entrenamiento de impacto funcional no fue efectivo para mejorar la composición corporal o la densidad ósea.

Estos hallazgos, junto con investigaciones anteriores, resaltan la importancia de que los médicos se aseguren de que sus pacientes se involucren en algún tipo de ejercicio que pueda mejorar la composición corporal, la fuerza, la función física y en última instancia, la calidad de vida. Hay una serie de ejercicios y programas disponibles para que las mujeres puedan elegir.

Los estudios también sugieren que las mujeres pueden lograr mayores beneficios con el entrenamiento de resistencia de mayor intensidad y el entrenamiento funcional de alta intensidad que incorpora intervalos de fuerza y ejercicios aeróbicos.

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