Un análisis de alrededor 1.7 millones de personas ha revelado un curioso vínculo entre el apéndice y la enfermedad de Parkinson. El estudio encontró que las personas a las que se les había extirpado tenían hasta un 25% menos de probabilidad de desarrollar la enfermedad de Parkinson, según el lugar donde vivían.

Además, se descubrieron grupos de proteínas previamente asociados con la enfermedad de Parkinson en el apéndice y otras partes del sistema digestivo. Esto se suma a la evidencia existente que vincula el intestino con la enfermedad cerebral.

Los investigadores compararon los detalles de los Marcadores de Progresión de Parkinson con los registros en el Registro Nacional de Pacientes Suecos para encontrar una relación entre la enfermedad neurodegenerativa y las apendicectomías.

Los resultados de esta comparación no fueron sorprendentes, ya que existe creciente evidencia que sugiere que, para muchas personas, la enfermedad de Parkinson comienza en la parte inferior del intestino y viaja por el nervio vago hacia el cerebro.

Esto hace sentido, dado que uno de los síntomas tempranos de la enfermedad de Parkinson, es precisamente el estreñimiento. Los grupos anormales de una proteína llamada alfa-sinucleína asociada con la enfermedad también se han detectado en el tracto gastrointestinal.

Esta proteína se acumula como una reacción inmune a las toxinas y bacterias. Se cree que el apéndice tiene un papel que desempeñar como refugio para la microflora intestinal.

El Parkinson es una enfermedad de acción lenta. Se necesitan de muchos años para que las células cerebrales productoras de dopamina se degraden hasta el punto en que el cuerpo experimenta temblores, rigidez muscular y perdida de movimiento.

La muerte lenta de las células cerebrales parece estar relacionada con la forma en que la alfa-sinucleína se pliega y se agrupa en algunas personas, que hasta cierto punto se atribuye a las mutaciones en el gen responsable de la construcción de la proteína.

Décadas de investigación sugieren que tiene que haber más de un culpable para esta acumulación que los genes. Las interacciones entre el cerebro y el intestino son cada vez más sospechosas.

El lento ritmo de aparición de la enfermedad de Parkinson hace que su estudio sea difícil para los investigadores. Al hacer uso de registros de pacientes a largo plazo, fue que los investigadores lograron detectar la relación entre las personas que no tenían apéndice y su diagnóstico de Parkinson.

Más de medio millón de pacientes en el registro habían recibido apendicectomías por sospecha de inflamación o infección, mientras que alrededor de 2,200 de los 1.7 millones de pacientes habían sido diagnosticados con la enfermedad de Parkinson.

Esto quiere decir que solo 1.6 personas sin apéndice por cada 100,000 personas fueron diagnosticadas con Parkinson. En aquellos que todavía tenían intacto su apéndice, la tasa se acercaba a 2.0 por cada 100,000. El aumento del 20% es significativo, pero no se debe de tomar como referencia para concluir que remover el apéndice nos hará inmunes a la enfermedad de Parkinson.

Sin  embargo, nos brinda la pauta para realizar más investigación al respecto y lograr entender cómo evitar este enfermedad en el futuro.

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