Estar deprimido puede afectar negativamente tu apetito y lo que comes, pero ¿Sabías que los malos hábitos alimenticios también pueden afectar tu estado de ánimo?

Este estudio es una revisión sistemática para encontrar la mejor evidencia disponible. Finalmente se ha encontrado un vínculo claro entre la calidad de la dieta de una persona y su riesgo a sufrir depresión. Esto va más allá del efecto de la dieta sobre el tamaño corporal u otros aspectos de la salud relacionados a la dieta.

En este análisis, se incluyeron estudios que tomaron en cuenta la edad, el sexo, el ingreso, el tamaño corporal, la salud general, el hábito de fumar y la actividad física. De esta manera los investigadores se aseguraron de que la dieta y el riesgo a depresión permanecieran como factores independientes.

Agregando los resultados de varios estudios se encontró un claro patrón que sigue una dieta anti inflamatoria más saludable y rica en plantas que puede ayudar a prevenir la depresión.

De los 41 estudios en esta revisión, cuatro analizaron específicamente el vínculo entre una dieta mediterránea tradicional y la depresión a lo largo del tiempo en 36,556 adultos.

Se encontró que las personas que seguían una dieta mediterránea tenían un riesgo 33% mayor de desarrollar depresión que las personas cuya dieta era más saludable.

La dieta mediterránea tradicional contiene alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares que aumenta el riesgo de reducir depresión, mientras que los alimentos proinflamatorios, ricos en omega-3, fibra, vitaminas, magnesio y polifenoles ayudan a reducirla.

La dieta puede influir en la salud mental al causar daño al cerebro. Esto puede ser debido al estrés oxidativo, resistencia a la insulina, cambios en el flujo sanguíneo e inflamación.

Una dieta rica en componentes anti inflamatorios y antioxidantes, que se encuentra comúnmente en frutas, verduras, nueces y vino (que debe tomarse con moderación), puede afectar directamente al cerebro protegiéndolo del estrés oxidativo y la inflamación.

La inflamación también puede afectar a los neurotransmisores (las moléculas mensajeras del cerebro) responsables de regular la emoción.

Investigaciones recientes en humanos también sugieren que la dieta puede afectar la formación de células cerebrales (neuronas), particularmente en una parte del cerebro llamada hipocampo, que se asocia con la regulación del estado de ánimo.

También existe evidencia respecto a la relación del microbiota intestinal con el estado de ánimo. Estos microbios son los encargados de descomponer los nutrientes que ingerimos y crear moléculas que pueden ser inflamatorias o que estimulan la actividad neuronal, se comunican con las neuronas intestinales y cerebrales y por lo tanto, pueden influir en el comportamiento.

La dieta es el modulador clave del microbiota intestinal. En estudios en animales, comer alimentos a base de plantas mejora la composición microbiana en el intestino, mientras que las dietas ricas en grasas parecen alterar el equilibrio microbiano.

Cuando hay un desequilibrio en los microbios en el intestino, puede hacer que los intestinos se vuelvan permeables, permitiendo que las moléculas grandes pasen al torrente sanguíneo y estas moléculas pueden interactuar con la función cerebral.

El campo de la psiquiatría nutricional surgió recientemente y cada vez existe más evidencia que sugiere que los médicos y los profesionales de la salud mental deben considerar seriamente la posibilidad de incluir asesoramiento dietético en los pacientes con riesgos de depresión.

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