Sustituir un tratamiento por una pastilla de azúcar se ha convertido en parte fundamental de casi cualquier ensayo clínico que intente estudiar un nuevo medicamento. No todas las personas son igualmente susceptibles de ser engañadas para sentirse mejor. Un nuevo estudio nos proporciona las bases para entender por qué.

Los investigadores de Northwestern Medicine invitaron a 63 voluntarios que sufrían dolor de espalda crónico a participar en un experimento destinado a descubrir por qué algunos de nosotros nos sentimos mejor por el simple hecho de participar en un tratamiento médico independientemente de la eficacia del tratamiento.

El fenómeno del placebo ha sido objeto de intenso estudio durante poco más de un siglo, pero ¿Sabías que tiene sus raíces en la Iglesia Católica? Siglos atrás, los funcionarios proporcionaban reliquias falsas a las personas que decían realizar exorcismos.

En el siglo XIX, el concepto se ha vuelto popular entre los médicos, donde se les da a los pacientes sustancias inofensivas con el solo propósito de “complacerlos”.

No se debe subestimar el poder del efecto placebo ya que se ha comprobado que, en cualquier práctica médica, se puede convencer a algunos pacientes de que su sufrimiento se ha aliviado. Lo más sorprendente es que la acción terapéutica del placebo no depende del engaño. Se le puede decir al paciente que su tratamiento no tiene valor medicinal y aún así le puede hacer sentir mejor.

Aunque el efecto placebo es tan importante, todavía no comprendemos qué lo causa y esto se debe principalmente a que es inconsistente.

El cerebro crea un marco para interpretar los estímulos del dolor por lo que existe la posibilidad de que tome experiencia pasadas y las use para crear expectativas futuras

Si bien se han intentado realizar numerosos intentos para vincular el efecto placebo con las funciones neurológicas, pocos tienen en cuenta la experiencia pasada del voluntario en sus métodos. Esto es vital principalmente en los pacientes con dolor crónico ya que tienen experiencias únicas que podrían afectar la forma en la que responden a los placebos.

Los estudios que lo tienen en cuenta rara vez comparan los resultados con un grupo control que no tiene tratamiento, lo que significa que no existe una línea base para determinar si los cambios en la intensidad del dolor estaban relacionados con el placebo o no.

Para abordar este tema, los investigadores decidieron dividir su muestra de pacientes con dolor de espalda en dos grupos. Uno recibió un placebo secreto o un medicamento para el dolor de alta resistencia. El otro grupo no obtuvo nada y sirvió como grupo control.

Las imágenes de resonancia magnética revelaron que había diferencias clave en los cerebros de los pacientes con dolor crónico que responden bien a los placebos.

“Su cerebro ya está listo para responder”, dice el autor principal del estudio, A. Vania Apkarian, de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. “Tienen la psicología y la biología adecuadas para estar en un estado cognitivo que tan pronto como se les diga, ‘esto puede mejorar su dolor’, su dolor mejorará”.

Específicamente, esas diferencias cerebrales incluyen un aumento en el volumen de los centros emocionales en el hemisferio derecho, áreas sensoriomotoras más gruesas y diferencias en la forma en que se comunican la región prefrontal y el cíngulo anterior. Combinadas, estas áreas realizan funciones que nos ayudan a analizar y predecir nuestro entorno y tomar decisiones informadas que podrían tener un impacto emocional.

Las encuestas que evaluaron los rasgos psicológicos de los voluntarios también sugirieron que eran sensibles al dolor y conscientes de que sus estados físicos y emocionales eran buenos predictores de susceptibilidad a los placebos.

Tener herramientas efectivas para predecir quién podría beneficiarse con la prescripción de un placebo, con su consentimiento informado, sería una ventaja significativa.

“Es mucho mejor darle a alguien un medicamento no activo en lugar de un medicamento activo y obtener el mismo resultado”, dice Apkarian.

Esto también podría ayudar a los investigadores a ajustar los ensayos clínicos al excluir a las personas que podrían estropear los resultados a través del efecto placebo.

Todavía tenemos un largo camino por recorrer en nuestra comprensión de cómo funciona el efecto placebo, pero vale la pena seguir investigando para lograr la cura de muchos males de manera ética y sin efectos secundarios.

Fuente