El descubrimiento de más de 25 mutaciones de cambios genéticos podría ayudar a explicar la capacidad de sobrevivir más tiempo. Esto podría ayudar a trazar el camino para nuevos tratamientos que nos ayuden a lograr más años de vida con mejor salud.

Los investigadores generalmente estudian la genética del envejecimiento mediante la comparación de grupos de organismos de vida corta, como las moscas de la fruta o los nemátodos. Ocasionalmente, pueden incluso mirar de cerca a las familias que tienen más bisabuelos vivos o rastrear a través de la base de datos para observar cómo evolucionan los genes.

Todo esto nos proporciona pistas sobre qué genes contribuyen a vidas más largas, pero no nos dicen mucho sobre porqué nuestra especie puede vivir más de un siglo, mientras que nuestros primos cercanos, el gorila y el chimpancé, no pueden cumplir 60 años.

La esperanza de vida máxima en los animales parece evolucionar bastante rápido. Los ancestros de humanos y macacos, por ejemplo, se separaron hace unos 30 millones de años, pero hay una diferencia del triple en cuánto a cuando puede vivir cada uno.

La teoría de la tasa de vida podría ayudar a explicar algunas diferencias en el reino animal, vinculando las tasas metabólicas con los riesgos de la senescencia celular.

Las acumulaciones de mutaciones pueden pesar algunas especies, haciendo que el envejecimiento sea un costo innecesario una vez que se haya logrado una reproducción suficiente.

Otro concepto que vale la pena explorar se llama hipótesis pleiotrópica. Fue propuesta por el biólogo estadounidense George C. Williams como una forma de explicar cómo los procesos evolutivos podrían explicar las diferencias. Esta hipótesis se basa en el fenómeno de la pleiotropía: genes únicos que afectan numerosas características físicas.

Si un gen ayuda a extender el ciclo de vida general del organismo, será mas probable que permanezca si también lo ayuda a llegar a la edad reproductiva, dice Williams.

Debemos tener en cuenta que estas teorías pueden no ser mutuamente excluyentes. El envejecimiento es complejo y seguramente habrá una variedad de explicaciones, pero cada hipótesis aún necesita evidencia de respaldo.

Un equipo dirigido por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva en España buscó mutaciones entre diferentes especies de primates para ver si podrían aprender más sobre los genes que nos dan una ventaja.

Al identificar las relaciones estadísticas entre la vida máxima y otras características del ciclo vital que contribuyen a la salud y la supervivencia, el equipo determinó que solo tres de las especies de primates en su conjunto, parecían sobrevivir a sus ancestros: humanos y dos especies de macacos.

Estas especies sirvieron como punto de referencia para comparar los primates que habían evolucionado para vivir vidas más largas. Tras un análisis de las diferencias en diversas secuencias de aminoácidos, se destacaron 25 cambios genéticos que se desarrollaron por separado en cada especie.

“Esto constituiría una evidencia muy sugestiva de que estos genes han ayudado a extender sus vidas”, dice el investigador principal Arcadi Navarro del Instituto de Biología Evolutiva.

Estos genes se asociaron en gran medida con la salud cardiovascular, incluidos los factores de señalización que ayudaron en la curación de heridas y cambios en las vías de coagulación, lo cual no sorprende a los investigadores.

“Los resultados son significativos, porque se requiere un control flexible y adaptable de los mecanismos de coagulación en especies que viven más tiempo”, dice el autor principal del estudio, Gerard Muntané, también del Instituto de Biología Evolutiva.

No solo son útiles estos mecanismos en nuestros años crepusculares, los mismos procesos afectan nuestras vidas de otras maneras y nos ayudan a alcanzar la madurez en primer lugar, dando peso a la hipótesis pleiotrópica de Williams.

Agregar más genomas de primates a la lista, y tal vez tener en cuenta a los individuos dentro de cada especie, podría ayudar a confirmar e incluso explicar aún más el papel que desempeñan estos factores en el proceso de envejecimiento.

Dado que este caso se centró en los productos proteicos de los genes, también podría haber muchos otros factores que la investigación omitió. Estos 25 genes no son la historia completa, pero sirven como punto de partida. Incluso podría indicar el camino a tratamientos que brinden vidas más largas y saludables no solo para nosotros los humanos, sino también para nuestros primos, los primates.

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