Son pocas las especies de mosquitos que pican a los humanos. La mayoría son oportunistas: se alimentan cuando pueden y de muchas fuentes diferentes.

Aedes aegypti y Anopheles gambiae, son especies conocidas por su preferencia por la sangre humana y su papel como vectores de transmisión de enfermedades en seres humanos. Ae. Aegypti ha sido relacionado con Zika y Dengue. An. Gambiae transporta el parásito que causa la malaria.

¿Sabías que los mosquitos discriminan entre las personas antes de elegir su próxima comida?

Algunos piensan que el tipo de sangre, tener piel clara e incluso comer alimentos con ajo o vinagre de sidra de manzana puede influir en las tasas de mordedura de una manera u otra.

Todas las especies de mosquitos usan dióxido de carbono como indicador de largo alcance de que un huésped está cerca. Sin embargo, esto no es un indicador para que el mosquito elija su objetivo preferido. Se ha demostrado que el ácido láctico en conjunto con el CO2 atrae en mayor medida a los mosquitos. El ácido láctico es más prevalente en el olor humano que en otros animales.

Otros compuestos como amoníaco, algunos ácidos carboxílicos, acetona y sulcatona también ayudan a complementar la atracción al humano.

Esto no explica por qué un mosquito muerde más a una persona que a otra, solamente explica por qué los humanos son preferidos en lugar de un animal.

Lo que realmente hace la diferencia entre las personas es la variación en la microbiota de la piel.

La microbiota es en su mayoría bacterias y hongos no patógenos que viven en nuestra piel. La combinación de olores que emiten en forma de compuestos orgánicos volátiles es el factor crítico para decirles a los mosquitos nuestro sabor.

Esto significa que los mosquitos que eligen entre diferentes personas, están atraídos por la composición de nuestra piel.

Dada la variación y la abundancia de bacterias en la microbiota de nuestra piel, tal vez no sea sorprendente que esto haga una diferencia para los mosquitos.

La composición de nuestra microbiota cutánea depende en gran medida de nuestro entorno: lo que comemos y dónde vivimos. Todo lo que tocamos, comemos, bebemos y lavamos tiene el potencial de introducir nuevos microbios, pero hay evidencia de que la genética de una persona también puede influir en la microbiota de la piel en menor medida.

Se cree que la variación genética afecta cuán hospitalaria es la piel para las diversas especies de microbios que viven en ella.

Esto puede ser a través de la producción controlada genéticamente de proteínas en la piel que actúan como barreras y evitan que los microbios se establezcan y crezcan en la piel, o mediante aspectos simples, como la tendencia de una persona a sudar o lo grasosa que es su piel.

Vale la pena recordar que, el sudor puro no tiene olor discernible. El sudar no es responsable de atraer a los mosquitos. Por el contrario, la variación química del sudor y las tasas de producción de sudor entre las personas dan como resultado condiciones benéficas para hospedar algunos microbios que pueden atraer a los mosquitos.

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