Desde teléfonos células hasta hornos de microondas, el mundo moderno esta cubierto por radiación electromagnética de alta frecuencia (CEM).

Muchos aún reservan el juicio sobre qué tan seguro es este tipo de ondas de energía, pero un nuevo estudio epidemiológico cuestiona esta indecisión ya que no ha encontrado ninguna razón para confirmar que los tumores cerebrales son causados por la exposición a CEM.

La investigación liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona, ha proporcionado el análisis más detallado hasta el momento sobre la relación entre las radiaciones no ionizantes y los cánceres cerebrales.

La radiación electromagnética incluye el tipo de ondas de luz emitida desde bombillas de luz hasta el sol. Nuestros ojos normalmente responden a las ondas de luz con una frecuencia entre 430 y 770 tera hertz.

Se ha demostrado que la luz ultravioleta cerca del extremo superior de ese espectro daña nuestro ADN, lo que aumenta el riesgo de cáncer de piel. Las ondas más enérgicas como los rayos X y los rayos gamma, plantean riesgos de salud aún más graves.

Sin embargo, en los últimos años, también ha habido preocupación de que una exposición significativa a ondas mucho mas suaves podría penetrar el cuerpo y causar problemas de salud, incluido el agresivo cáncer neurológico glioblastoma.

Hace siete años, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, evaluó el estado de la investigación sobre tema y llegó a la conclusión de que había suficiente razón para clasificar los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como un posible carcinógeno. Esto no quiere decir que haya una fuerte evidencia de una relación o mucha evidencia en lo absoluto.

Dada la magnitud del posible impacto y el hecho de que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia están tan presentes constantemente en el mundo moderno, la OMS prefirió ser cautelosa.

El problema es que los tumores cerebrales no son los cánceres más comunes. Medir la historia de una persona sobre su exposición a campos electromagnéticos es difícil de medir.

Para este estudio, los investigadores buscaron en la literatura científica existente una matriz para estimar la cantidad de radiaciones intermedias (3khz a 10 mhz) y radiofrecuencia (10mhz a 300 gigahz) emitida a sujetos en sus hogares y lugares de trabajo.

Utilizaron esta matriz de exposición de fuentes para ordenar los datos de un estudio llamado INTERPHONE, que analizó los cánceres cerebrales primarios y el uso de teléfono móvil, comparando aproximadamente 4000 casos de glioma y meningioma con más de 5000 controles.

Utilizaron esta matriz de exposición de fuentes para ordenar los datos de un estudio llamado INTERPHONE, que analizó los cánceres cerebrales primarios y el uso del teléfono móvil, comparando aproximadamente 4.000 casos de glioma y meningioma con más de 5.000 controles.

Los individuos que componen el estudio provenían de siete países diferentes y se dedicaban a diveras profesiones, incluyendo campos de alta exposición como diagnóstico médico, telecomunicaciones e ingeniería de radar.

“Este es el mayor estudio de tumores cerebrales y exposición ocupacional de alta frecuencia a los CEM hasta la fecha”, dice la autora principal del estudio, Elisabeth Cardis.

Una vez que se calcularon las estadísticas, encontraron que no había una correlación entre la exposición y las cantidades de CEM de alta frecuencia y tumores cerebrales primarios. Lamentablemente todavía no se puede cerrar esta investigación.

A pesar de la escala del análisis, solo uno de cada diez participantes lidió con exposiciones relativamente grandes a campos electromagnéticos en un rango de radiofrecuencia, y solo uno entre cien a frecuencias intermedias.

En resumen, la escasez de participantes en el estudio deja poco espacio para varios tipos de clasificación estadística y, por más útil que sea la matriz de exposición de origen, aún se basó en estimaciones que podrían haber subestimado los resultados de riesgo.

También hubo un signo sutil de una tendencia entre las personas expuestas a los campos electromagnéticos de alta frecuencia en la última década.

“Aunque no se encontró una asociación positiva, el hecho de que se haya observado una indicación de un mayor riesgo en el grupo con la exposición más reciente a radiofrecuencia merece más investigación”, explica el primer autor del estudio, Javier Vila.

Los resultados indican que no debemos preocuparnos por el momento pero que si debemos enfocar nuestros esfuerzos en herramientas más precisas para analizar cualquier riesgo hipotético. También es necesario desglosar las características específicas de los riesgos potenciales, tal vez, iinvestigando las funciones de las diferentes reacciones químicas a los campos electromagnéticos.

Fuente