Pietro Tullio solía perforar pequeños agujeros en las cabezas de los pájaros. Esta no era una práctica sádica. Pietro era un biólogo italiano de principios del siglo XX que hacía una investigación. Este extraño experimento produjo un resultado aún más raro conocido actualmente como el fenómeno Tullio.

Lo que Pietro descubrió con este experimento es que cuando les hacía diminutos orificios en los canales semicirculares del oído interno a los pájaros, estos se volvían extremadamente sensibles al sonido. La exposición a ciertos tonos les causaba severos problemas de equilibrio.

Desafortunadamente, no son solo las aves perforadas de Tulio las que son susceptibles a estos ataques inquietantes de mareo y vértigo. Se estima que aproximadamente 1 de cada 100 personas tiene huesos anormalmente delgados o inexistentes que recubren su canal semicircular superior. Esta es una condición congénita conocida como dehiscencia del canal superior o semicircular y la causa más común del fenómeno de Tullio en humanos.

¿Pero en realidad qué sucede?

En una nueva investigación, el equipo de científicos ha cuantificado lo que sucede dentro de la cabeza de las personas para explicar estas intensas sensaciones evocadas por notas musicales, sonidos de conversación o a veces sutiles cambios en la presión atmosférica.

Desde que Tullio estudió este extraño fenómeno, los científicos observaron que la condición causa un movimiento involuntario en los ojos conocido como nistagmo ocular.

Este tipo de inestabilidad ocular suele ser un reflejo automático diseñado para restablecer el equilibrio y la estabilización visual durante el movimiento corporal, pero para las personas que padecen dehiscencia, el sonido desencadena los mismos movimientos del ojo incluso cuando no están en movimiento, razón por la cual sienten mareo y vértigo.

Los ojos giran en sentido contrario lo que hará parecer que el mundo está girando.

Para investigar por qué ocurre esto, los investigadores usaron modelos computarizados para simular el movimiento de fluidos en el laberinto vestibular del oído interno y también examinaron la biofísica de una especie de pez que tiene órganos de equilibrio del oído interno similar a los humanos.

Normalmente, cuando movemos nuestra cabeza, el fluido en el oído interno se mueve suavemente de manera predecible.

El análisis del equipo sugiere que, en los casos de dehiscencia del conducto, donde hay agujeros o deformaciones en los huesos del oído interno, el movimiento suave se ve interrumpido por ondas mecánicas en el fluido, que pueden desencadenarse por las ondas de sonido que ingresan al oído.

Estas ondas pueden engañar a nuestros nervios internos, con un fluido del oído interno que bombea irregularmente nuestros sentidos al pensar que estamos experimentando aceleración angular de la cabeza, todo porque alguien tocó una tecla particular en un piano o se hizo algún ruido específico.

La buena noticia es que muchos pacientes que experimentan una dehiscencia del conducto semicircular pueden realmente tratar el problema óseo con éxito mediante cirugía.

Para los investigadores de este estudio es satisfactorio por fin haber resuelto el misterio del fenómeno de Tullio casi un siglo después de que se descubrió por primera vez en pájaros.

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