Se le conoce como la hipótesis de la monoamina, y si bien, ha mejorado la vida de millones de personas, para otras no ha tenido ningún resultado. Esto se debe a que la hipótesis, data de la década de 1950. Es el precursor de casi todos los antidepresivos, según la observación de que una deficiencia de neurotransmisores monoamina (incluida la serotonina), desencadena la depresión, estimulando el desarrollo de tratamientos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).

Solo hay un problema, el medicamento no funciona para todos.

“El 30% de las personas bajo este tratamiento no experimentan ningún efecto”, explican los neurocientíficos Yumiko Saito y Yuki Kobayashi de la Universidad de Hiroshima en Japón.

Se necesita otra explicación sobre lo que puede estar causando depresión.

En un nuevo estudio con ratones, Saito y Kobayashi, pueden haber encontrado la razón.

En investigaciones anteriores que analizaban células in vitro, Saito descubrió que una proteína expresada en el cerebro llamada RGS8 ayuda a controlar el receptor de la hormona MCHR1, que está involucrado con el sueño, el apetito y las respuestas emocionales.

La investigación mostró que RGS8 inactiva MCHR1 (hipotéticamente mitiga los síntomas de depresión) pero en cuanto a cómo esto podría afectar la depresión en animales vivos, nadie sabía.

En un intento de encontrar la respuesta, el equipo realizó experimentos con dos grupos de ratones: un grupo formado por animales normales y el otro por ratones diseñados genéticamente para expresar niveles más altos de RGS8.

Los ratones fueron sometidos a una prueba de natación forzada en la que los animales se colocan en un tanque de agua tibia del que no pueden salir y se les monitorea constantemente mientras nadan por un rato antes de quedarse inmóviles o rendirse, lo cual es considerado una característica similar a la depresión.

En las pruebas, los ratones con refuerzo RGS8, registraron tiempos de inmovilidad más cortos, lo que sugiere que nadaban más y por lo tanto, estaban menos deprimidos. Cuando a estos ratones se les administró un fármaco antidepresivo (desipramina) que actúa sobre las monoaminas, su tiempo de inmovilidad se redujo aún más.

Cuando a los ratones normales se les administró un medicamento llamado SNAP94847 que detiene el funcionamiento del MCHR1, redujo su tiempo de inmovilidad en el tanque de natación, pero cuando los ratones con refuerzo RGS8 tomaron lo mismo, no pareció tener ningún efecto en sus niveles de humor negativo.

“Estos ratones mostraron un nuevo tipo de depresión”, explica Saito. “Las monoaminas parecían no estar involucradas en este comportamiento depresivo. En cambio, MCHR1 sí lo estaba”.

Cuando los investigadores examinaron los cerebros de los animales bajo el microscopio, encontraron que los ratones potenciados con RGS8 tenían cilios neuronales más largos (en los que se localiza MCHR1) que los ratones normales, en una región del hipocampo llamada CA1.

No se entiende exactamente cómo esta variación en la longitud de los cilios se relaciona con la depresión, pero los investigadores ciertamente no creen que sea un accidente.

“Estos hallazgos sugieren que el aumento del nivel de proteína RGS8 en la región CA1 es un posible factor causante de la elongación de MCHR1 ciliar”, escribe el equipo en su artículo.

“Por lo tanto, se puede especular que un cambio significativo en la longitud de los cilios puede estar asociado con las consecuencias del comportamiento observado en RGS8 [ratones]”.

Es temprano y hay mucho más trabajo por hacer antes de saber si estos resultados pueden reproducirse con seguridad en humanos, pero los investigadores sospechan que esta proteína

Es temprano y hay mucho más trabajo por hacer antes de saber si estos resultados pueden reproducirse con seguridad en humanos, pero los investigadores sospechan que esta proteína podría ser un candidato prometedor para una nueva generación de fármacos antidepresivos, uno que podría ser capaz de ayudar a los millones de personas para quienes los medicamentos basados en monoaminas actualmente no funcionan.

“Nuestros hallazgos demuestran un rol modulador de RGS8 en la neurobiología del comportamiento depresivo”, explican los investigadores. “Los hallazgos actuales pueden apoyar la posible modulación de la función RGS8 para el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, incluida la depresión”.

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