En marzo del año pasado, los investigadores del Instituto Politécnico Rensselaer en Estados Unidos, proporcionaron pruebas de que su método para diagnosticar autismo basado en un simple análisis de sangre tenía un enorme potencial.

Un estudio de seguimiento confirma el éxito de los hallazgos originales. Esto nos acerca un paso más a la detección confiable de autismo. La prueba se basa en un algoritmo que toma en cuenta la presencia y la concentración de docenas de sustancias químicas en la sangre que se han asociado previamente con el autismo.

Si bien, este algoritmo ya había tenido éxito en las pruebas con poco menos de 150 adultos, el resultado crítico era aplicarlo con éxito a un grupo de muestra más joven.

Sigue siendo un misterio qué cusa el autismo. Está claro que hay una seria de genes involucrados, pero la forma en que interactúan con los factores ambientales para dar lugar a características específicas es el foco de una gran cantidad de investigaciones en curso.

Sin embargo, los efectos dominantes parecen dejar una huella dactilar en forma de metabolitos en la sangre.

En investigaciones previas, los investigadores descubrieron que, al mapear los niveles de 24 metabolitos relacionados con dos vías bioquímicas encontradas en pacientes con autismo, podían identificar qué adultos en un grupo tenían autismo con una precisión casi perfecta.

Para avanzar hacia una prueba más predictiva, el equipo trabajó con grupos de niños de estudios existentes que incluían datos sobre estos metabolitos tan importantes. Finalmente encontraron 154 niños de entre 2 y 17 años. Los investigadores fueron capaces de predecir en un 88% los niños que tenían autismo. Es una diferencia considerable comparada con la precisión de 97.6% que se tuvo en adultos, pero se espera que las pruebas futuras mejoren la aplicación de este algoritmo en niños y se pueda aplicar en bebes.

Un diagnóstico temprano del autismo es muy importante para estos pacientes. La disponibilidad de la prueba haría la gran diferencia ya que las tasas de autismo van en aumento.

Los rasgos del autismo no siempre son fáciles de detectar. También toman tiempo para hacerse obvios, al menos varios años. Esto retrasa las posibles vías de asistencia para mejorar sus habilidades.

Se han realizado intentos para encontrar formas de recopilar evidencia de autismo en bebes y niños mediante el estudio de scanner cerebrales o incluso la observación de ciertos movimientos oculares.

Si se tuviera un análisis de sangre económico y mínimamente invasivo para detectar autismo, sería de gran ayuda para lograr la mejora de su diagnóstico.

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