Los científicos han identificado los medios por los cuales el agua en nuestro suministro de sangre pasa al cerebro, donde se convierte en el fluido cerebroespinal que rodea y protege uno de nuestros órganos más preciados, el cerebro.

Todos los días, aproximadamente medio litro de agua se transporta de nuestra sangre de esta manera, pero mientras los investigadores sabían que un tejido delgado en el cerebro llamado plexo coroideo estaba involucrado en este proceso, no entendían cuánto líquido cefalorraquídeo (LCR) era producido. Finalmente tienen la respuesta.

Solía pensarse que la ósmosis y las fuerzas asociadas regulaban cómo el agua pasaba al cerebro para producir líquido cefalorraquídeo, pero, como explica el equipo de investigación, varios estudios existentes han ayudado a demostrar que el transporte osmótico de agua no es suficiente para mantener las tasas de LCR, producción observada en mamíferos.

Para saber qué mecanismo podría estar impulsando el fenómeno, los investigadores estudiaron un modelo de ratón donde las condiciones requeridas para el transporte de agua osmótica estaban ausentes.

Al inhibir los transportadores de agua osmótica en los cerebros de ratones vivos, el equipo encontró un transportador de iones desconocido previamente conocido como NKCC1, el cual resultó ser responsable de aproximadamente la mitad de la producción de LCR.

Si el mismo canal molecular puede ser manipulado en humanos, podría proporcionar una forma revolucionaria de acceder y controlar el sistema de agua del cerebro, aliviando la presión sin recurrir a operaciones quirúrgicas invasivas como la perforación del cráneo para drenar LCR. Esto sería especialmente útil para tratar la hidrocefalia y la hemorragia cerebral.

Por supuesto, siempre es imposible garantizar que los resultados observados en estudios con animales se puedan replicar en humanos, pero el equipo tiene esperanzas de que sea posible ya que la estructura protética del plexo coroideo es similar.

Si tienen razón, podría dar lugar a lo que los investigadores describen como un “cambio de paradigma en el campo”, que nos da un objetivo terapéutico para tratar patologías cerebrales de manera diferente.

Ahora que se sabe que la producción de LCR depende de algo más que gradientes osmóticos, los investigadores dicen que los próximos pasos son encontrar cómo este canal de flujo de agua puede controlarse en las membranas basolaterales de las células, acercándonos un paso más a que tal vez un día sea posible ayudar a pacientes con presión en el cerebro.

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