La espiroqueta de Treponema Palladium no ha hecho fácil la búsqueda de una cura efectiva. Ahora, un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Connecticut ha sido capaz de identificar las proteínas necesarias para hacer una vacuna que podría ayudarnos a ver el fin de la sífilis de una vez por todas.

Se estima que seis millones de personas en todo el mundo están infectadas por sífilis cada año. Afortunadamente, es tratable con antibióticos, pero para algunos el tratamiento llega demasiado tarde.

En Estados Unidos, las tasas de infección no solo aumentan, si no que la enfermedad causa un número sorprendente de abortos espontáneos y anomalías congénitas. Esto hace que la sífilis sea un enemigo con prioridad a atacar. Desafortunadamente, cuando se trata de encontrar una cura, la bacteria es difícil de estudiar ya que es frágil y se deshace fácilmente. También no es fácil hacerlo crecer en un entorno de laboratorio.

Mientras tanto, las vacunas funcionan mostrando a su sistema inmune, las moléculas complejas en el exterior de un patógeno con la esperanza de que estén mejor preparados para una invasión. Si desconocemos qué proteínas van a donde, no hay manera de crear una vacuna efectiva.

Es muy probable que los genes de Treponema Pallidum proporcionen una pista, si podemos interpretarlos correctamente. Treponema Pallidum tiene aproximadamente 1,000 de ellos en total pero ¿por dónde empezar?

Después de comparar los genomas de cepas de T. Pallidum recolectadas de varias ciudades del mundo, los microbiólogos de la Universidad de Connecticut, Justin Radolf y Melissa Caimano, se dieron cuenta de que todos eran notablemente diferentes.

Esto no es para nada sorprendente. Cuando los investigadores descubrieron algunas mutaciones, todas demostraron ser increíblemente importantes para la supervivencia del patógeno.

Estos genes variables, representan proteínas de superficie muy importantes. El equipo tradujo las secuencias de ADN en cadenas de aminoácidos utilizando simulaciones por computadora y produjo proteínas características en forma de barril que se asemejaban a las clases de moléculas de superficie que se encuentran en otras bacterias.

Desafortunadamente, estas proteínas también serían una terrible vacuna. Tarde o temprano aparecería una cepa de T. Pallidum con un nuevo código y la búsqueda de una cura tendría que empezar de nuevo. La buena noticia es que ahora los investigadores saben qué están buscando. Al tener un objetivo más claro sobre qué buscar es más fácil que puedan desarrollar nuevas curas y tratamientos para esta devastadora enfermedad.

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