Uno de los clichés más antiguos es que las personas que usan antejos son más inteligentes que aquellos que no usan. Aunque parece una idea ridícula, resulta que tiene algo de cierto.

El estudio más grande realizado hasta la fecha que investiga los fundamentos genéticos de la inteligencia, sugiere que de hecho, existe un vínculo entre el uso de anteojos (o lentes de contacto) y la función cognitiva.

“Este estudio, el mayor estudio genético de la función cognitiva, ha identificado muchas diferencias genéticas que contribuyen a la heredabilidad de las habilidades de pensamiento”, dice el estadístico genético Gail Davies de la Universidad de Edimburgo en el Reino Unido. “El descubrimiento de los efectos genéticos compartidos en los resultados de la salud y la estructura del cerebro proporciona una base para explorar los mecanismos por los que estas diferencias influyen en las habilidades de pensamiento a lo largo de la vida”.

Mientras que los viejos estereotipos dicen que los usuarios de gafas son más inteligentes basados en el hecho de que estas personas requieren asistencia óptica después de sus esfuerzos por leer en exceso (y por lo tanto aprender), los nuevos datos sugieren que no hay un caso tan simple de causa y efecto.

Davies y su equipo analizaron la información genética de más de 300,000 individuos compilados a partir de bases de datos genómicas existentes, en las cuales los participantes enviaron muestras para análisis de ADN, respondieron cuestionarios y se sometieron a pruebas diseñadas para dar una medida de su capacidad cognitiva general.

Cuando analizaron los datos genéticos, los investigadores descubrieron 148 regiones de todo el genoma asociadas con la función cognitiva general, incluidos 58 sitios genómicos que no se habían relacionado previamente con la “inteligencia”. También encontraron 42 loci genómicos conectados al tiempo de reacción, 40 de los cuales son nuevos para la ciencia.

En el estudio, los participantes de las tres cohortes existentes eran de ascendencia europea y tenían edades comprendidas entre 16 y 102, y en este grupo, los que exhibieron mayor inteligencia tenían un 28 % más de probabilidades de necesitar gafas o lentes de contacto y un 32 % más de probabilidades de ser miope

Una cantidad de otros factores de salud también aparecieron en los datos. Además de ser más propensos a usar gafas, las personas inteligentes tenían significativamente menos probabilidades de experimentar hipertensión, ataque cardíaco, angina, cáncer de pulmón o osteoartritis.  También tenían un 30 % menos de probabilidades de experimentar un trastorno depresivo mayor y un 17 % más de probabilidades de vivir más tiempo.

Una de las limitaciones de la investigación es que todos los datos provienen de personas con ascendencia europea, lo que significa que no podemos extrapolar los conocimientos a personas de otros orígenes genéticos.

Pero el tamaño asombroso de la cohorte congregada significa que hay una gran cantidad de información para que los científicos aprendan de aquí, ya que estos análisis genómicos se vuelven cada vez más amplios, dándonos una mejor oportunidad de comprender realmente qué es lo que hace que las personas sean inteligentes.

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