Los científicos han descubierto una nueva vía molecular que conecta el intestino con el cerebro, y si podemos aprender a controlarla, podemos frenar o incluso detener la esclerosis múltiple y otros trastornos neurológicos.

La nueva investigación es la más reciente de una ola de descubrimientos recientes sobre cómo el cerebro y el intestino están unidos, afectando todo, desde nuestras emociones hasta nuestra salud neurológica y más y el último estudio sugiere que podemos influir en ese vínculo.

“Fundamentalmente descubrimos un control remoto mediante el cual la flora intestinal puede controlar lo que está sucediendo en un sitio distante en el cuerpo, en este caso, el sistema nervioso central”, dijo el investigador principal y neurólogo Francisco Quintana de la Universidad de Harvard.

Ese control remoto se basa en dos tipos de células diferentes involucradas en cómo funciona nuestro sistema nervioso central: microglía y astrocitos.

La microglía son células inmunes que juegan un papel vital en la salud del cerebro, al atravesar el sistema nervioso central y devorar células viejas y dañadas que pueden contribuir a la inflamación.

Otro tipo de células de apoyo cerebral, conocida como astrocitos, también pueden prevenir la inflamación. La cuestión es que los astrocitos también pueden promover la inflamación y el cambio de control sobre este comportamiento alternativo por lo que esto nunca ha sido del todo claro.

Investigaciones previas realizadas por los mismos investigadores en 2016, encontraron que el funcionamiento de los astrocitos podría verse influenciado por el impacto dietético en las bacterias intestinales, específicamente cómo las moléculas de metabolitos derivadas del aminoácido triptófano se relacionaron con los astrocitos para reducir la inflamación.

Los investigadores ya sabían que la microglía regulaba el comportamiento de los astrocitos como parte de este proceso, pero lo que no se sabía es cómo se determinaba la naturaleza de su regulación. Ahora, el equipo lo ha descubierto.

En su nuevo estudio, investigaron el efecto de los cambios en la dieta en ratones con una forma de esclerosis múltiple en ratones. Lo que encontraron fue que el nivel de triptófano consumido afecta la producción global microglial de dos proteínas, llamadas TGF alfa y VEGF-B.

TGF alpha es bueno: se une a los receptores de los astrocitos, previniéndolos de causar inflamación. La otra proteína, VEGF-B, también se une a los astrocitos, pero de una manera que hace que las células de soporte promuevan la inflamación en el sistema nervioso central.

“Una de las mayores preguntas sin respuesta que tuvimos fue: ¿qué media la diafonía entre microglia y astrocitos?” explica Quintana. “VEGF-B parece aumentar las respuestas patogénicas o proinflamatorias de los astrocitos, mientras que TGF alfa hace exactamente lo contrario”.

Los investigadores reconocen que todavía hay mucho más por descifrar en esta área, ya que el descubrimiento de la relación del triptófano podría ser el comienzo. La investigación futura explorará si otros metabolitos están involucrados también, así como si otros tipos de receptores de astrocitos también se ven afectados por las moléculas liberadas por las bacterias intestinales.

En última instancia, el equipo espera poder controlar este proceso terapéuticamente, utilizando productos químicos específicos para activar este canal antiinflamatorio dentro de nuestro metabolismo, que algún día podría ayudar a los pacientes con esclerosis múltiple y muchas otras afecciones neurológicas.

Hasta entonces, no hay ningún consejo para cambiar la dieta, pero es bueno saber que las formulaciones dietéticas son parte del rompecabezas que los científicos están desentrañando aquí.

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