Si bien, la estrategia de admitir fumadores solo en zonas abiertas, evita que otros reciban una cantidad de carcinógenos, la creciente evidencia muestra que no es tan fácil escapar del humo como pensábamos.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Drexel, en Estados Unidos, analizó el aire de un aula universitaria libre de humo y sin ocupar. Se dieron cuenta que no era tan “libre de humo” como pensaban. El equipo encontró compuestos que llevan la firma del humo de cigarro que se encuentra en el medio ambiente.

Los investigadores encontraron mayores trazas de tabaco en un balcón donde los fumadores salían a fumar rápidamente, y en conductos de calefacción y aire acondicionado.

“Mientras que muchas áreas públicas tienen restricciones para fumar, incluyendo la distancia desde las puertas, edificios para no fumadores e incluso prohibiciones totales de fumar en el campus para algunas universidades, estas limitaciones para fumar a menudo solo sirven para proteger a las poblaciones que no fuman de la exposición al humo de segunda mano. “dice el ingeniero Michael Waring.

El equipo filtró la atmósfera en el aula y filtró partículas de tamaño submicrométrico.

Aproximadamente un tercio de la masa total de estos materiales portaba una firma química que los identificaba como humo de cigarrillo de tercera mano, compuestos producidos por la quema de tabaco que se adhiere a las superficies.

Antes de que cunda el pánico, es importante tener en cuenta que no está del todo claro cuán tóxicas son estas partículas. Un estudio publicado en 2017, mostró que el humo de tercera mano adherido a las telas tenía un efecto biológico significativo en ratones de laboratorio.

Mientras tanto, es necesario estar conscientes de cómo gestionar efectivamente los riesgos potenciales, especialmente en nombre de aquellos que sean evitarlos por completo.

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