Un tipo de célula inmunitaria que se ha considerada incluso peligrosa para nuestra salud, en realidad podría ser un arma secreta para combatir infecciones peligrosas.

Con el uso de ratones, investigadores en Australia, descubrieron que las llamadas células B “silenciadas”-linfocitos aparentemente inactivos, pero que al activarse pueden ser dañinas en condiciones autoinmunes- pueden atacar infecciones dañinas. Al parecer la maquinaria genética que hace que las células produzcan anticuerpos para atacar los tejidos del cuerpo, puede adaptarse para combatir infecciones extrañas. Lo más interesante es que la adaptación representa esencialmente un nuevo tipo de inmunidad que nunca se ha conocido.

Este hallazgo puede indicar el camino para descubrir nuevas vacunas para combatir infecciones como el VIH y Campylobacter, que se esconden de nuestro sistema inmunológico al imitar nuestro propio material biológico.

Los hallazgos, que hasta ahora se han demostrado en un modelo de ratón, muestran cómo las mutaciones de ADN de los genes de los anticuerpos en los centros germinales -donde las células B se activan durante la respuesta inmune- reprograman estos anticuerpos autoreactivos, haciendo que dejen de unirse al tejido del ratón, aumentando su capacidad vinculante para los invasores en hasta 5,000 veces.

Ahora que se sabe cómo puede llevarse a cabo esta hipermutación en el centro germinal, los investigadores tienen la esperanza de que algún día puedan conducir a nuevos tipos de tratamientos para las infecciones humanas peligrosas que son capaces de eludir las respuestas inmunes convencionales en nuestro cuerpo.

“La idea de que las células autorreactivas pueden contribuir a la inmunidad mediante la redención del centro germinal puede ser particularmente importante en respuestas a patógenos que se ocultan en antígenos del huésped para evitar la inmunidad”, explican los inmunólogos Ervin E. Kara y Michel C. Nussenzweig de la Universidad Rockefeller , en un comentario sobre los hallazgos. “VIH-1 es uno de esos patógenos”.

Es un cambio notable para una clase de células inmunitarias confundidas durante mucho tiempo con basura peligrosa, y una que muestra que aún tenemos mucho que aprender sobre lo que el sistema inmunitario puede hacer por nosotros, y cómo sus mecanismos menos que perfectamente obvios podrían aprovecharse para nuestro bien.

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