Mildred Dresselhaus, una profesora emérita en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (ITM) cuya investigación sobre las propiedades fundamentales del carbono ayudó a transformarlo en la súper estrella de la ciencia de materiales modernos y la industria de nanotecnología.

El carbono es tan caprichoso como cualquier celebridad. Tan simple como el grafito de un lápiz, desgastado por un simple garabato, pero dispuesto en un cristal tridimensional, es un diamante, la sustancia conocida más dura.

La Dra. Dresselhaus utilizó campos de resonancia magnética y láseres para trazar la estructura de la energía electrónica del carbono. Investigó los rasgos que emergen cuando el carbono esta entretejido con otros materiales: la puntada en algunos metales alcalinos, por ejemplo, y el carbono puede convertirse en un superconductor, en el cual una corriente eléctrica no encuentra visualmente ninguna resistencia.

Fue pionera en la investigación de fullerenos. Ella concibió la idea de rodar una hoja de una sola capa de átomos de carbono en un tubo hueco, una noción finalmente comprendida como el nanotubo, una estructura versátil con la fuerza del acero pero sólo una diez milésima parte de la anchura de un cabello humano.

Trabajo en cintas de carbono, semiconductores, monocapas no planas de sulfuro de molibdeno y los efectos de dispersión y vibración de pequeñas partículas introducidas en cables ultrafinos.

Además de sus aportaciones científicas, la llamada la Reina del Carbono, fue reconocida por sus esfuerzos para promover la causa de las mujeres en la ciencia. En 1960 trabajó en el Laboratorio Lincon del ITM, un centro de investigación de defensa, donde era una de las dos mujeres en una plantilla científica de 1,000 personas. Fue la primera mujer en obtener una cátedra completa en el ITM, en 1968 y trabajó arduamente para asegurarse de que no sería la última.

En 1971 ella y un colega organizaron el primer Foro de Mujeres en el ITM para explorar la función de las mujeres en la ciencia. Dos años más tarde ganó una beca de la Fundación Carnegie para promover esa causa. Hoy en día, las mujeres representan aproximadamente el 22 por ciento de la facultad del ITM.

La historia de la Dra. Dresselhaus fue de lucha y perseverancia. Hija de inmigrantes judíos empobrecidos de Polonia, creció humildemente en el Bronx, a veces con ayuda pública, pero fue destacada en la escuela, ganando becas escolares, encontró un mentor en un futuro premio Nobel y obtuvo títulos avanzados en universidades líderes.

Una de las razones por las que la Dra. Dresselhaus eligió estudiar el carbono fue su relativa impopularidad. “Yo estaba feliz de trabajar en un proyecto que la mayoría de la gente pensaba que era difícil y no tan interesante”, dijo. “Si algún día tuviera que estar en casa con un niño enfermo, no sería el fin del mundo”.

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