Estés en la oficina, caminando en la calle, o comiendo en un restaurante, siempre hay un factor común: gente viendo sus celulares.

¿Por qué somos adictos al celular?, ¿por qué no podemos dejar un momento de ver nuestras redes sociales?, ¿por qué cuando vemos una notificación dejamos todo lo que estamos haciendo para ver quién nos siguió, comentó o reaccionó a nuestra publicación? Aunque no lo creas, todo tiene que ver con un químico que nos causa excitación y felicidad.

La doctora Delaney Ruston, le platicó a Business Insider sobre la adicción que desarrollamos a los celulares y dispositivos electrónicos. “La razón es muy simple, está asociado con el placer químico en nuestro cerebro ofrecido por la dopamina. Esta se libera cuando encontramos un poco más de información o cuando alguien quiere comunicarse con nosotros y nos sentimos necesitados o queridos”.

Sí, esa emoción que sientes cuando ves que tu pantalla se ilumina o tu teléfono vibra o suena para indicarte que tienes un mensaje es culpa de la dopamina. “Hay muchos modos en los que las actividades que hacemos frente a la pantalla liberan este químico, por lo que no es sorprendente que todos queramos hacerlo mucho”, dice Delaney.

Ya sea tu novio o novia, tus amigos o un desconocido, cada vez que alguien interactúa contigo un poco de dopamina se libera en tu cerebro, por lo que, según la doctora, no es un efecto psicológico, sino fisiológico.

¿Esta adicción es mala? Puede serlo si te desconectas de la realidad, por lo que para combatirla puedes dedicarle tiempos específicos a tus dispositivos para ver las notificaciones y luego dejarlos a un lado.

Aquí algunos signos que pueden ayudar a conocer nuestro nivel de dependencia a las redes sociales:

  • Lo primero que haces al abrir los ojos es consultar todas tus redes sociales en busca de novedades.
  • Revisas con mucha frecuencia tus perfiles en redes y esperas obtener con la mayor inmediatez posible un feedback positivo.
  • Muestras síntomas de frustración si no consigues notoriedad en tus redes.
  • Exploras con avidez las publicaciones de tus “amigos” en busca de sus nuevos acontecimientos y te sobreviene el pensamiento de que su vida es mejor que la tuya.
  • Estar con mucha gente no te impide estar actualizando tus perfiles constantemente.
  • Tienes la necesidad de publicar y fotografiar todo lo que te sucede, desde tus comidas diarias hasta tu pose antes de dormir.
  • Das “me gusta” compulsivamente a todas las publicaciones de tu muro.
  • Sustituyes las conversaciones cara a cara con las charlas a través de internet, en las que sientes más comodidad.
  • Te mantienes en línea casi todo el día.
  • Salir de casa sin tu teléfono es sinónimo de estrés y taquicardias.

Nota vía  The Huffington Post y Muy Interesante.