Gordon Proctor, profesor en biología salival del King’s College de Londres, resume algunas de las cosas que no sabías de la saliva.

  1. Mucha producción. Las personas producen entre uno y dos litros diariamente. Este volumen es, aproximadamente, el mismo que corresponde al líquido que el cuerpo pierde a través de la orina cada día.

2. ¿Pura agua? La saliva está compuesta en 99% por agua. Pero también se encuentran hormonas como la testosterona, el cortisol y la melatonina.

Además tiene minerales como calcio, electrolitos y componentes antibacterianos.

3. Huellas genéticas. La razón por la cual se pueden tomar muestras de saliva para analizar el ADN de una persona, es porque contiene células humanas que se desprenden del revestimiento de la boca.

También tiene ácido ribonucleico (ARN), que permite el traslado de información genética del ADN, entre otras cosas.

4. Existen tres tipos de saliva. Se producen en tres pares de glándulas salivales.

La Academia de Otorrinolaringología de EE.UU. explica así las diferencias: las parótidas, ubicadas cerca de los dientes superiores, humedecen la comida cuando se está masticando.

Las submandibulares están bajo la lengua y se encargan de generar una saliva más “pegajosa” que sirve para proteger la boca cuando no se está comiendo.

Y las sublinguales cumplen una función similar, pero se encuentran en el piso de la boca.

5. Puede enfermarse. Hay condiciones médicas ocasionadas por el mal funcionamiento de las glándulas salivales que pueden producir fiebre, dolor e inflamación, según informa el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido.

Uno de estos trastornos es la sialorrea, que es un exceso en la producción de saliva.

Otro es el cálculo de la glándula salival, una obstrucción en los conductos de las glándulas causada por minerales.

También está la inflamación de la glándula, lo cual genera mucho dolor en la zona y, en ocasiones, pus. Este trastorno puede ser causado por una infección bacteriana.

La saliva contribuye a la digestión y, sin ella, sería casi imposible masticar y tragar alimentos.

Además, protege a los dientes de bacterias y disminuye la propensión al desarrollo de infecciones como aftas, úlceras y enfermedades en las encías.

Nota vía BBC